Calidad China

Los productos chinos están perdiendo prestigio a causa de una serie de escándalos relacionados con la fabricación de colchones, juguetes, ropas y otros artículos destinados a la exportación. Comerciantes y consumidores se muestran cada vez más susceptibles, pero los economistas aseguran que la conmoción causada por estos defectos no afectará de inmediato a la creciente economía china.

La crítica contra los productos chinos se desató en las últimas semanas, después que la fábrica norteamericana de juguetes Mattel retirara del mercado una gran cantidad de ellos. El fabricante chino que proveía a Mattel habría utilizado pintura con una proporción de plomo demasiado alta, con el consecuente riesgo para la salud. La calidad de los productos chinos es causa de preocupación desde hace ya tiempo, y llama la atención que ahora, de pronto, se preste atención a ella. Según Annette Nijs, directora del Instituto Europa China de la Universidad de Nyenrode, en Breukelen, Holanda, hace ya muchos años que se devuelven diariamente productos con fallos a Chinas. “El ochenta por ciento de todos los textiles y los juguetes que se venden a escala mundial provienen de China”, dice Nijs, “de manera que si algo falla, de inmediato se nombra a China”.

Esta tormenta que sacude al sector exportador chino podría haber sido de menor escala, pero el hecho es que inmediatamente después de la devolución de los juguetes, salieron a la luz nuevas noticias negativas. En Nueva Zelanda se descubrió un cargamento de camisetas, pantalones y pijamas chinos con una alta concentración de metanol, producto químico utilizado para la desinfección. Y en Holanda, un fabricante de productos de dormitorio, Beter Bed, devolvió a China un envío de colchones inyectados con un veneno para prevenir el desarrollo de insectos.

¿Quién es el culpable de estas deficiencias de los productos chinos de exportación? Annette Nijs apunta al Gobierno chino, que debería aplicar medidas de control más estrictas a los fabricantes, y a los comerciantes occidentales, que deberían vigilar mejor lo que compran.

Reglas más firmes, más vigilancia y mayor control. Estas medidas son las necesarias para evitar que los productos con riesgo para la salud lleguen a las tiendas. El instituto holandés de investigación para el sector eléctrico, Kema-Keur -también activo en China – conoce muy bien la importancia de las medidas de control, para asegurar el uso de productos seguros. Según su jefe, Pier Nabuurs, la mitad de los adornos eléctricos navideños producidos en China no pasan los exámenes de control. “Compramos en una tienda 100 pequeñas luces por un euro cincuenta o dos euros cincuenta. Este bajo precio implica una enorme presión económica sobre los importadores, las empresas de distribución, las tiendas. Por lo mismo aumenta el riesgo de que estos productos se fabriquen con plásticos de mala calidad, con algo menos de cobre o con vidrios más delgados”, explica Nabuurs.

Entretanto, el Gobierno chino ha iniciado una campaña suavemente ofensiva para calmar los ánimos. Antes de fin de mes llegará a Estados Unidos una delegación china para hablar de seguridad en la producción. Por el momento, con escasas excepciones, no bajará la demanda mundial de juguetes chinos. Por su parte, en China el gobierno ha iniciado una verdadera guerra contra los alimentos contaminados y otros productos de exportación, así como una campaña de cuatro meses para evitar nuevos escándalos y mejorar su imagen comercial.

El empresario holandés Jan Kemeling tiene una opinión muy distinta. Según él, los productos chinos han aumentado su calidad en los últimos años. Kemeling trabaja en Shangai en el diseño y desarrollo de aparatos electrónicos de consumo destinados a los mercados europeo, norteamericano y australiano. Pero, la dura competencia entre los compradores de los productos chinos, como las cadenas de tiendas europeas y norteamericanas, dificulta el trabajo de producción en China.
“Una empresa occidental le dice a un productor chino: fabríqueme tal cosa por diez euros, sabiendo que sólo en materiales debería invertir quince euros. A partir de aquí no será extraño que el productor chino busque la manera de ahorrar en el proceso de producción y termine utilizando pintura barata o acero de baja calidad. Es así como la calidad decae sin remedio”, sostiene Kemeling.

El empresario holandés propone que se establezcan reglas más estrictas y multas a las empresas que pongan en circulación productos defectuosos. Para Kemeling, una parte de la responsabilidad recae en las empresas occidentales y los consumidores. Estos deben asumir que los productos chinos no pueden seguir bajando de precio mientras las materias primas cuestan cada vez más caras.

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